domingo, 30 de abril de 2017

Magazine: The correct use of soap


Año de publicación: 1980

Valoración: imprescindible

Cuando este, tercer LP de Magazine se publicó, el cachondeo era casi generalizado. Sus primeros dos discos habían vendido apenas unas centenas de copias en España y el grupo contaba con una aparición delirante en Aplauso, uno de esos programas de sábado por la tarde que ahora casi echamos de menos, donde se mezclaba todo tipo de tendencias musicales y se presentaban bajo una extraña apariencia kitsch que ahora nos resulta entrañable.
Magazine grababan para Virgin Records, sello que había sido lanzado a la fama y al éxito comercial con el ubicuo Tubular Bells de Mike Olfield. Sello que había conectado con el primer oleaje del post-punk y se estaba dando un atracón (en el resto del mundo) de presentar nuevas futuras figuras del influyente panorama de la época: The Human League, Simple Minds, Orchestral Manoeuvres in the Dark, Japan, Devo. A la postre, muchos de estos grupos acabarían teniendo carreras irregulares, al amparo de grandes éxitos que propiciarían suaves decadencias. Pero Magazine ni eso. Magazine fueron adelantados a muchos movimientos e influyentes en muchos músicos con posterioridad, pero, tras este The correct use of soap solo publicaron un disco más antes de su disolución (aunque hubo una tímida refundación hace unos años, que dio a la luz un disco relativamente digno). Y, con la excepción del bajista Barry Adamson, dedicado a una carrera posterior sobre el supuesto de hacer bandas sonoras para películas inexistentes, muchos de sus componentes pasaron al más injusto anonimato. John McGeoch, responsable de las efervescentes guitarras, murió siendo enfermero hace unos años. Y es del único que sé algo. Howard Devoto, cantante, publicó un disco ensombrecido por la carrera del grupo, y pasó al olvido.
Cualquiera que oiga este disco sacará una rápida conclusión: qué injusto es el mundo de la música. Porque todavía hay más: Martin Hannett se encargó de la producción del disco. Un productor así debería ser garantía de éxito. Había producido también Closer de Joy Division, disco emblemático donde los haya. Pero nada parecía ser suficiente. El sonido en The correct use of soap es más cercano al punk, no tan basado en el binomio bajo-batería sino en la combinación de guitarra-teclados que se constituyó en uno de los elementos distintivos de Magazine. Hasta ese momento el panorama musical había trazado caminos muy diferenciados para las guitarras y los sintetizadores. Mezclarlos parecía un sacrilegio, y solo algunos músicos aguerridos habían osado hacerlo. Uno era, obviamente, David Bowie, quizás (junto al punk) la influencia más evidente en el grupo. Una influencia más intelectual que de sonido, quizás. No era la única, A song from under the floorboards estaba inspirada en la lectura de las Memorias del subsuelo de Dostoievsky. El disco contenía una versión de Thank you (for letting be myself again) de Sly and the Family Stone. Si eso no significaba una voluntad de transgresión (antes habían hecho, alojada en una cara B, la mejor versión imaginable de Goldfinger, el clásico de Shirley Bassey para la película homónima de James Bond), ya me diréis qué. El funk y el disco eran géneros más bien denostados, asociados a un sentido del hedonismo en las antípodas del espíritu autodestructivo del punk. Y Magazine estaban allí, adelantándose a su tiempo. Pero este no es un disco de mestizaje. Como mucho de adaptación, porque a Magazine las ideas y la inspiración les sobraban. En el otro lado del Atlántico solo grupos como Talking Heads llegaban a alturas parecidas.
Sweetheart contract es una apisonadora rítmica que precedía por lustros el Boys'n'girls de Blur, con su arranque y el tono vocal. You never knew me se sitúa en un escenario desconocido para la sobreexcitada música de la época. Casi  confidente, una especie de canción de amor aderezada por unos coros que no desentonan. Y Model worker recuerda a la vez a ska, con su riff rabioso, y a todas las bandas del CBGB. Frustrante. Solo se me ocurre una palabra así para definir la divergencia entre la respuesta crítica y la escasa repercusión comercial de un disco como este. Del que se aprovecha todo, y del que no sé si muchos de sus deudores han sido suficientemente honestos a la hora de rendirle tributo. Harían bien: la carrera de muchos de ellos no se entiende sin la escucha masiva de esta monumental obra.

3 comentarios:

  1. Me equivoco, o no hicieron los Nikis una versión de "A song from..."? La Canción de la Suciedad! Ellos sí que sabían...

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  2. Buen disco, y buena reseña. Jamás había oido hablar de etsa banda y a pesar que el tecno pop, o el rockopop o lo que quiera que sea esto no es lo mío, prefiero lo orgánico (las guitarras, bajos y baterías) aunque admito algún teclado: no suena nada mal. Gracias por abrime los oidos a nuevas músicas. Los Nikis, me gustan, pero no me suena esa versión...habrá que investigar un poco.

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  3. Pues esto es lo que pretendía aquí. Pretendo. Mostrar buenos discos, de los que algunos serán relativamente poco conocidos. Pues no conocía la versión de los Nikis. Correcta en lo instrumental, casi nota por nota, aunque creo que el ritmo está demasiado congelado y la voz del solista no encaja ahí, resulta una dicción como muy teenager.

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